giovedì 5 marzo 2020

COME VIAGGIARE CON UN SALMONE



La lectura de este libro me ha dejado un sabor demasiado agradable. Unas ganas de seguir leyendo buena literatura. Pero creo que decir “buena” no es suficiente si pienso en todo lo que enseña y del modo en que lo hace.
Confieso que al inicio, el título no me atrapó, quizás, porque en medio de la rutina, y en las circunstancias en las que lo recibí, en el aeropuerto de Roma, un 4 de enero de 2017, cuando los nervios, la tensión, los controles de pasaporte y aduana son los protagonistas, y el olor a despedida te hace un nudo que va de la garganta a la panza y viceversa, y tratas de disimular, con una sonrisa, la tristeza de alejarte de alguien demasiado importante en tu vida, un libro con semejante título no me provocó la esperanza de la diversión, como me ha sucedido con otros. Sobre todo porque para viajar de Italia a Cuba, no llevaba un salmón conmigo, pero sí bastantes kilogramos en la maleta, tal vez más de los permitidos.

Pero el libro me lo regaló mi esposo que además de escribirle una conmovedora dedicatoria tuvo la iniciativa de elegirlo por mí, porque sabe que admiro y prefiero los libros del italiano Umberto Eco. Entonces, por respeto a él y a Umberto, por respeto a mí que no me perdonaría no leer un libro que viene de alguien especial (en este caso mi esposo y Umberto) y que además fue un regalo, empecé a leerlo.
¡Y vaya sorpresa!
 ¡Qué libro particular! Tal y como dice en la contraportada se trata de un libro de instrucciones. Basta ver algunos de los títulos que aparecen en el índice:

-       Cómo comer el helado
     Cómo pasar la aduana
Cómo no saber la hora
Cómo usar el taxista
Cómo comer en avión
     Cómo no usar el teléfono celular 

Cómo viajar con un salmón, editado por La Nave de Teseo en 2016, es un libro que nos recuerda que a veces, las situaciones más sencillas e insignificantes pueden meternos en serios problemas, que no siempre se resuelven fácilmente. El libro remarca cómo el absurdo se vuelve parte de la rutina y tan acostumbrados estamos que no logramos verlo. También nos habla de la importancia del contacto humano y nos hace pensar sobre cuál es el valor humano que las personas buscan con mayor pasión: ¿la fama? ¿la gloria y la reputación o el amor, el dinero, la felicidad?

Se trata de un libro sabio, donde en cada capítulo el autor se plantea un tema sencillo que al final de sencillo nada tiene. Por ejemplo en Cómo no saber la hora explica que existen relojes muy caros debido a todas las posibilidades que ofrece un reloj en la actualidad. Se puede tener actualmente en un reloj toda esta información: el día del mes y de la semana, el año, la década y el siglo, minutos y segundos de la hora legal; hora, minutos y segundos de otro uso horario; la hora del alba y del ocaso; posición del sol en el Zodiaco y así infinidad de posibilidades.

Y concluye diciendo:
Tutti questi orologi, come l’intera industria dell’informazione oggi, rischiano di non comunicare piú nulla perché dicono troppo.”
O sea: Todos estos relojes, como la entera industria de la información hoy, corren el riesgo de no comunicar nada porque dicen demasiado.
Para no correr yo ese riesgo, trato de poner ya el punto final a estas líneas diciendo a todos los que leen que si alguna vez se encuentran con este libro, no lo dejen, aunque estén en un aeropuerto, con los nervios disparados o en el mar, rodeados de salmones. ¡Buena lectura!

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                                                Leysa Martínez Ortiz

venerdì 21 febbraio 2020

CERVEZA: el misterio de la fermentación en un trago.


Tomar cerveza es agradable. Puede convertirse en una vía para alejar tensiones y además socializar, porque la mayoría de las veces ingerimos esta bebida amarga, de bajo contenido alcohólico, en compañía de amigos o familiares. Pero beber cerveza solo o sola, en la tranquilidad de la casa (sin que sea necesario traspasar límites de cantidad y sobriedad) puede ser una de las prácticas más relajantes y positivas que experimente un ser humano. Lo digo por experiencia. Creo que es un momento importante.

Lo más interesante de beber cerveza, ya sea en solitario o en compañía es que en ese momento no nos paramos a pensar en los ingredientes que la componen: malta de cebada, lúpulo y agua. La levadura es un adjunto, como lo son también la sémola de maíz o el arroz partido.

Leyendo y probando cervezas, he aprendido que sus características principales son: la espuma, el brillo, la transparencia, el contenido alcohólico, la densidad o extracto y el color.

¿Buena para la salud?

Por supuesto. La cerveza está muy relacionada con los cereales y esto ya es algo positivo. Al poseer vitaminas y proteínas, así como fibras, micronutrientes y sales minerales, beneficia la salud. Algunos estudios afirman que ayuda al incremento del llamado colesterol bueno y que evita el estreñimiento, la formación de cálculos y piedras en las vías urinarias. Hace poco una amiga me comentó que consumir cerveza contribuye al retraso de la menopausia.

En cuanto al proceso de fermentación por el que pasa la cerveza, debo decir que existen fuentes bibliográficas que aseguran que en tiempos antiguos era asociado a las divinidades por lo que en muchos pueblos la cerveza era una bebida sagrada. En algunos lugares “alimento sagrado”.

En muchos monasterios es común la elaboración de cerveza.

Existen varios tipos. Cervezas negras, cervezas claras o rubias y rojas. Cervezas sin alcohol, cervezas ácidas. Todas tienen su encanto. Y su sabor está en dependencia del tiempo de fermentación.

A continuación comparto contigo la traducción de la palabra cerveza en 10 idiomas:
Español: cerveza
Griego:    μπύρα
Albanés: birrë
Alemán: bier
Catalán: cervesa
Croata:  pivo
Francés: biére
Gallego: cervexa
Húngaro: sör
Italiano: birra

A partir de ahora, deseo que siempre que bebas una cerveza, la disfrutes mucho más, pensando en su origen lejano, en sus sabores diversos.

Elígela siempre bien fría. A tu Salud.



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                                                                                         Leysa Martínez Ortiz






venerdì 16 agosto 2019

REFLEXIONES SOBRE UNA TAZA


Cada mañana, casi mecánicamente, casi como un ritual, casi dormida, preparo el café y cuando la cafetera me avisa, con ese sonido de borbotones calientes “que ya está”, lo sirvo en mi taza de siempre y me siento a tomarlo.
Así son mis amaneceres desde hace años, pero sólo esta mañana me detuve a pensar qué sería de mi sin esta taza, más pequeña que grande, más vieja que nueva, con los dibujos ya gastados por el uso diario.
Nunca antes había pensado yo en la abarcadora importancia de las tazas. Sin dudas son, junto a los platos, uno de los envases más usados en todo el mundo desde hace siglos.
Desde mi punto de vista este objeto tan sencillo es uno de lo mayores y más significativos símbolos de civilización con que contamos. Existen de cerámica o terracota, de cristal o vidrio, de plástico o metal, de porcelana china. Tazas para café, para té o leche.
En algunas regiones las llaman pocillo o jarro. ¿Y qué importa? Taza, tazón, tacita. En común todas tienen una sola asa, agregada con el fin de no quemarnos las manos a la hora de sujetarla para beber.
Considero que la taza es personal, pública. Privada o social. También juega su papel si de premoniciones se trata. Es la protagonista de la cafedomancia, es decir, interpretar el futuro leyendo la mancha que deja el café en el fondo de la taza.
Se han pintado cuadros dedicados a este popular contenedor de líquidos. Por ejemplo: “La taza de chocolate” de Auguste Renoir o “La taza de té” de Mary Cassatt.
Para mi las tazas, más allá de las premoniciones para las que se prestan, aportan elegancia y bienestar. 
Coqueteamos con la otra persona detrás de una taza de café; adoptamos una postura correcta, o al menos bastante erguida, cuando nos disponemos a beber. Es como si con ella entre las manos practicáramos una gimnasia del gusto.
Una taza puede ser un refugio. El desahogo. Silenciosa siempre; lista en cada instante para recibir el contenido.
¿Qué haría si un día mi taza personal se estrellara contra el suelo y me dejara desprotegida, “destazada”(palabra que acabo de inventar); sola? 
He aprendido que vale la pena vivir por y para el amor. Vale la pena vivir por la Vida. Pero ahora que acabo de hacer todas estas reflexiones, ahora que acabo de servirme otro café, y en mis manos se queda la tibieza de esta taza más pequeña que grande, más vieja que nueva, con los dibujos ya gastados por el uso diario, comprendo que vale la pena también vivir por esto.


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                                                                                         Leysa Martínez Ortiz

sabato 22 giugno 2019

TODO TIENE UN POR QUÉ. ¿ES QUE YA NO ME QUIERES, MAMÁ?

Me detengo a mirar un cuadro de Pablo Picasso titulada Maternidad (1901). Nada sé de óleos, acuarelas o dibujos, pero los tonos claros que prevalecen en la imagen, la figura de la madre con cierto aire de melancolía y levemente inclinada hacia el bebé que se nutre de su pecho, me permiten entender lo profundo y abarcador de este acto que es la maternidad.
Si bien es cierto que la maternidad en sí comienza por “el hecho biológico de ser madre”, existen en esta vivencia tan importante para la mayoría de las mujeres mucho más que procesos biológicos. La maternidad involucra, a partir del embarazo, el “sentimiento o instinto maternal”, que desarrollan en la mujer ese afán de tener un hijo, protegerlo, educarlo.
Es común escuchar madres embarazadas que planean desde ese momento el futuro de sus bebés, asegurando que “se esforzarán al máximo para que no les falte nada” o “para que no pasen trabajo” refiriéndose con estas frases a las adversidades que ellas en su niñez y primera juventud vivieron, generalmente relacionadas con el aspecto económico.
Después de ver el cuadro de Picasso me dedico a buscar todos los conceptos posibles referidos al tema de la concepción y me encuentro, entre tantas definiciones, esta nota reveladora:
...el instinto de la madre es un concepto biológico que vas más allá de la mujer como ser humano, ya que la mayoría de los mamíferos también lo manifestan.
Se afirma además que la maternidad es algo muy íntimo, pues cada mujer la experimenta de un modo diferente pero siempre desde la perspectiva del amor y la protección. No importan razas, religiones u orientación sexual. Las madres aman, educan y protegen a sus hijos.
Los conceptos hablan de maternidad en solitario; mujeres que deciden ser madres a través de la adopción o desde la fertilidad asistida. No importa de qué modo te conviertes en madre: la maternidad es un acto de amor.
Entonces no logro entender lo que sucedió hace unos días. Encendí el televisor y la primera información del noticiero hablaba de una madre italiana, que prostituía a la hija de 13 años, obligándola a estar con hombres de 30 a 90 años a cambio de dinero “y otras utilidades.”
La información especificaba que la madre no tenía dónde dormir y ofrecía la hija a cambio de techo, vino, cerveza, cigarro y la posibilidad de darse una ducha. Los que tenían acceso a la chica eran trabajadores del campo, de origen africano e italiano.
Se aclaraba también, refiriéndose a los compañeros de trabajo de estos hombres, que todos lo sabían y ninguno hablaba, sino que “miraban a otra parte o buscaban a la niña para tener ellos también relaciones sexuales con la menor.”
Tres días después la historia casi se repite. En otro lugar de Italia otra madre fue acusada por prostituir a la hija de 10 años. Pero ahí no acaba todo. En varias páginas de Internet encontré algo aún más cruel. Citaré nada más tres ejemplos:
ESTADOS UNIDOS, Vermont: 18 de mayo 2019
“Mata al hijo discapacitado de 13 años echando vodka en su tubo de alimentación. Afirma que <quería hacerlo dormir>.”
RUSIA: 12 de junio 2019
“Niña de 2 años tira el pan por tierra, madre la mata: el cuerpo después de un mes no se ha encontrado.”
BRASIL: 15 de junio de 2019
Niño de 9 años muerto y hecho pedazos por la mamá: <Había resultado un peso económico>.”
“La madre biológica del niño, afirmó que para ella era una carga y en más de una ocasión le hacía recordar a su expareja, quien la maltrató.” 
Lo primero que se me ocurre pensar es que algo tiene que andar mal en estas mujeres si hasta los animales se dedican a proteger y defender sus crías. Estas niñas, en el caso de las que fueron obligadas a prostituirse, perdieron la ilusión, la niñez, la ternura. Se les escapó la infancia en el cuerpo de sus clientes. Lo peor es que no llegaron a esos cuerpos a través de una red de mafiosos, sino a través de Mamá.
¿Qué pensamientos sobre la figura materna podrán tener estas chicas? ¿Quién les va a decir a ellas que existe un cuadro de un pintor español que refleja la ternura de una madre cuidando a su hijo? ¿Quién va a devolverles la serenidad? ¿Quién les va a decir que no tengan miedo, si por lo general, cuando somos pequeños y el terror a la oscuridad nos acosa es a mami a quien llamamos porque nos hace sentir seguros?
Es una situación compleja. Para estas niñas se quiebra la imagen individual y colectiva de la MADRE. Los conceptos y las emociones están torcidos, cambiados, para ellas. Es como si aquí el parentesco careciera de valor. ¿O acaso ha cambiado la perspectiva actual de maternidad?
En el caso de las madres que cometieron filicidios (madres, o padres, que matan a sus hijos) el concepto de engendramiento parece desmoronarse, especialmente ante los ojos de la sociedad, que juzga de inmediato semejante acción. En especial porque muchas no parecen sentir remordimientos o empatía y en ocasiones han cosificado al niño o la niña.
Sin embargo, cuando una madre mata a su hijo, existen realmente factores condicionantes de diversos tipos que pueden conducirla a cometer ese acto. Y esto no lo estoy inventando yo ni es una tendencia de moda.
Hace mucho tiempo ya que se habla de Psicosis posparto, refiriéndose a un estado mental calificado de inestable, que surge después de dar a luz y donde se presentan delirios y alucinaciones.
En otros casos se habla del llamado Síndrome de Medea cuya definición dice lo siguiente:
“Se refiere a un cuadro de síntomas que caracteriza a la madre (en ocasiones el padre) que en respuesta a los conflictos y al estrés que se derivan de la relación con su pareja, descarga todas sus frustraciones con agresividad hacia su descendencia, llegando incluso a utilizar a su hijo o hija como un instrumento de poder y de venganza hacia su pareja, hasta arrebatarle la vida, se piensa que algunas mujeres identifican la maternidad con la feminidad, reafirmándola con el reconocimiento del otro, matando al hijo destruyen el vínculo de unión con su compañero, valorando a los hijos como a cualquier adquisición material.”
Pero ahí no termina el asunto. Por suerte existe un libro titulado Cuando las madres matan, de varias autoras: Chery L. Meyer; Kelly White; Michelle Oberman; Tara Proano y Jim Franz. Las autoras conversaron directamente con madres encarceladas por matar a sus hijos. A continuación algunos fragmentos de la Introducción de dicho libro:
“Decidimos hablar con las madres que matan porque, después de casi dos años de estudiar estos casos de mujeres, nos dimos cuenta de que nadie lo había hecho con ellas. Muchos habían contado sus historias por ellas. expertos, periodistas, abogados(...)”
“...les pedimos que nos contaran su éxito, no solo las historias de cómo mataron a sus hijos, sino también las historias que podrían ayudarnos a comprender por qué, y quizás cómo, podrían haberse evitado. Les pedimos que nos contaran sus historias sobre quiénes eran antes y después de sus delitos, historias sobre cómo vivían, qué esperaban de la vida y de ellos mismos. Pedimos información sobre sus vidas como niñas, mujeres jóvenes y madres; sobre el amor y el estrés; y en sus mecanismos de afrontamiento y sistemas de apoyo. (..)”
 “Esperábamos completamente que hablaran sobre las versiones de sus historias que eran defensivas y egoístas. Les preguntamos por qué buscamos su perspectiva y visión únicas de los eventos, sus propias explicaciones de lo que sucedió y por qué. Estas mujeres pueden contarnos sobre sus vidas mientras vivieron los años, semanas y días antes de matar a sus hijos.”
Me parecen muy acertadas las palabras de estas investigadoras, no sólo para entender mejor a esas mujeres, sino porque a los que estamos “del lado de acá” de la situación, nos permite recordar que esas madres, aunque han asesinado a sus hijos, también tienen una vida y han experimentado otros sentimientos. A nosotros como sociedad, como espectadores capaces de juzgarlas, acusarlas, señalarlas, nos da un poco de sosiego que estas escritoras nos recuerden, que aunque se han convertido en “madres asesinas”, todas tiene un por qué, un motivo. Cierto: nosotros no podemos comprender a secas que la madre mata al hijo. Lo que sucede es que a nivel sicológico en sus mentes pasan cosas que no suceden en las nuestras. La gran mayoría de ellas, luego de cometer el asesinato, no logra recordar después con claridad lo sucedido. Muchas han intentado quitarse la vida tras haber cometido el filicidio. Además los estudiosos de estos casos han demostrado que todas sufren de altos grados de estrés, falta de apoyo social, falta de estabilidad financiera, falta de descanso y lo más relevante: falta de comunicación. Se han encerrado en sí mismas. No han logrado decir a una amiga, a algún familiar, que tienen un problema con sus hijos y que no pueden resolverlo solas. O tal vez lo han dicho y no han sido escuchadas. Esto las ha llevado a asesinarlos.
Basta dar una ojeada a las infinitas noticias que los medios publican cada día relacionadas con el filicidio, para notar que son pocas las que ofrecen información acerca del estado mental de la madre o por qué lo hicieron. Lo cierto es que cuando se investiga a fondo cualquiera de estos casos, desde el punto de vista humano, las madres siempre tendrán un motivo que puede ser el miedo, las drogas, el alcohol. Otras aseguran haber escuchado insistentemente una voz en sus cabezas, incitándolas a cometer el asesinato; algunas lo hacen porque no tienen dinero para alimentarlos o porque saben que su pareja abusa sexualmente del niño o la niña y ante la impotencia prefieren quitarles la vida. Para muchas el asesinato es un modo de protección extremo.
Desde el punto de vista social será siempre difícil no ver a una madre que asesina a su hijo como un monstruo. Sin embargo, desde el punto de vista humano y femenino, hay que aprender a buscar las causas y darle seguimiento, porque todavía la mujer no se ha ganado una voz y un lugar de respeto en el mundo; porque todavía es ignorada, irrespetada, segregada. Porque después que son juzgadas y condenadas a prisión, casi de por vida, nadie más habla de ellas.
Debemos aprender a mostrarnos más humanos, que no significa apoyar el filicidio sino ejercitarnos en el acto de hacer el bien. Así estas mujeres no estarán desprotegidas y aprenderemos como sociedad y como humanos, a practicar la comunicación como ayuda.  Si aprendemos a identificar los problemas de esas madres que tal vez en este minuto no saben cómo ayudar a sus hijos y no ven otro camino que el filicidio, estaremos salvando vidas.
                                                                                             Leysa Martínez Ortiz
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venerdì 23 novembre 2018

ROMPAMOS EL MIEDO


La encontraron muerta en un tanque de basura. Su nombre era Mina. Llevaba ahí más de 8 horas. Los termómetros marcaban -2,5º C. Era uno de los inviernos más crudos en Bucarest.
Mina fue drogada, golpeada brutalmente y violada. Tenía 20 años.
La autopsia reveló que tenía sueños, una familia, un plan de vida que no pudo cumplir.
Hasta el momento solo han capturado a Kill uno de los autores del hecho. La policía confirma que se trata de una banda integrada por 10 jóvenes de entre 15 y 19 años que practica el asalto callejero y que al parecer se ha dispersado luego del suceso.
Despreciamos a las mujeres - ha dicho Kill - porque son estúpidas, cobardes.
Cuando en el interrogatorio le preguntaron por qué lo hicieron, comenzó citando un fragmento, el primer párrafo, para ser exactos, de La Naranja Mecánica, libro de Anthony Burgess:
“Estábamos yo, y mis tres drugos (...) exprimiéndonos los rasudoques y decidiendo qué podríamos hacer esa noche, en un invierno oscuro, helado y bastardo aunque seco.”
La policía sigue buscando al resto de los integrantes de la banda, pero ya nada devolverá a Mina a esta vida.
Como ella, miles de mujeres en el mundo sufren violencia. Muchas veces, (demasiadas veces) terminan muriendo. Algunas viven la cruel experiencia de la ablación del clítoris, otras son golpeadas cada día por sus maridos y prefieren callar porque el miedo también les hace la guerra y las obliga a hacer silencio. Las golpean, las humillan, las ofenden o simplemente las asesinan por ser mujeres.
Hay tantas en este minuto mirando sus caras golpedas, sus bocas rotas, sus cuerpos “pintados” de moretones. Hay tantas que lloran con la luz apagada o toman, ahora mismo, una pastilla para el dolor.
“Si mi cuerpo es como el de las demás ¿por qué a mí me tratan como a una cosa?” Se pregunta, Amy, una niña de 14 años, mientras pasea por una calle tailandesa en busca de clientes.
La violencia femenina se presenta a través de muchas caras y con nombres diversos: turismo sexual, prostitución o esclavitud sexual, feminicidio, discriminación, infanticidio, matrimonios forzosos, violencia psicológica.
¿Hasta cuándo durará? Pregunta que aún no tiene respuesta. Es impresionante cómo en un mundo avanzado tecnológicamente, que ha logrado responder miles y miles de enigmas universales, todavía no se encuentre el camino correcto, la solución absolutamente aplicable para detener la violencia femenina.
La violencia contra las mujeres y las niñas durará hasta que tú, HOMBRE, entiendas que somos iguales y que por violar y cortar en pedazos a una chica no eres aquí el más fuerte sino el más cobarde de los dos. Durará hasta que te des cuenta de que cada vez que golpeas un cuerpo de mujer, o la obligas a prostituirse para ti, te estás hundiendo a ti mismo. Durará hasta que yo, MUJER, entienda que sí puedo levantarme y detener a esas y esos que ven en mí a un ser débil.
Ojalá que estas letras sirvan de algo. Si al menos una MUJER las lee y logra encontrar un poco de valor para detener a quien la golpea o la ofende o la vende a otros hombres, entenderá que es fuerte, que sí vale, que sí puede. Yo por mi parte estaré más tranquila, porque habré ayudado a una hermana, a una amiga, a una dama. 

Si permanecemos unidas, los muros pueden derribarse.

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                                                                                             Leysa Martínez Ortiz

domenica 11 novembre 2018

EL RITUAL DE LAS LEVES CARGAS PESADAS. DESCUBRIENDO A MILÁN KUNDERA.


“Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones.”

Hace solo unas horas he terminado de leer por segunda vez La Insoportable Levedad del Ser, del escritor checo Milán Kundera. Esta vez, a diferencia de la anterior, el libro me dejó una sensación  que, aprovechando el contexto, voy a llamar sensación de peso.
El libro habla de las casualidades y las formas que estas pueden adoptar para salvarnos o hundirnos en abismos insospechados de la cotidianidad. Habla de la compasión, del amor, del cuerpo, de la grandeza, del valor. Habla de la levedad y del peso.
La primera vez que leí esta novela, hace dos años, lo hice con ligereza, con premura. Estaba yo entonces en una fase donde pasar páginas y páginas de cualquier libro era el principal objetivo, sin importar el contenido.
Ahora, me demoré leyendo el tiempo necesario como para asimilar, sin levedades, la solidez de un texto escrito con los pies en la tierra y la conciencia elevada.
Milán dice lo que ya por experiencia de vida sabemos pero nunca hemos expresado (al menos yo) con las palabras exactas. Describe emociones, instantes de una vida, que puede ser la mía o la tuya, con esa fluidez desgarradora de quien ha vivido tanto.
Cuando yo nací, en 1982, Kundera estaba escribiendo la novela, que sería publicada por primera vez en Francia en 1984. Me gusta imaginar que tal vez el mismo día que nací yo, él escribía en una de las páginas de su obra maestra este párrafo tan cierto, tan explícito y maduro, tan leve que hiere con su propio peso:
“ la vida humana acontece sólo una vez y por eso nunca podremos averiguar cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles incorrectas. En la situación dada sólo hemos podido decidir una vez y no nos ha sido dada una segunda, una tercera, una cuarta vida para comparar las distintas decisiones.”
Así, sin metáforas o palabras dulces, Kundera retrata en blanco y negro la realidad. En alguna parte leí sobre él y el libro lo siguiente:
“Todo es variación, incesante exploración de lo posible.”
Y más adelante:
“ Lo privado se vuelve universal. Con ligereza transcurre el texto y con ligereza nos presenta el autor las más poderosas dudas, las más terribles verdades o posibilidades.”
Kundera, aunque es checo, vive en Francia. Escritor, poeta, ensayista y dramaturgo. Estudió música y literatura en Praga. Al igual que su padre, toca el piano. La música está en su obra.
Es autor de otros libros como: La fiesta de la insignificancia, Un encuentro, La broma y el Libro de la risa y del olvido.
Sólo he leído La insoportable levedad del ser, pero sé que Milán tiene mucho que enseñarme y explicarme. Por eso lo busco, a través del próximo libro suyo que ya tengo en mis manos. Porque sé que nadie va a decirme, porque no puede, cómo vivir esta vida, pero Kundera sabe de eso y da buenos consejos.


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                                                                                        Leysa Martínez Ortiz

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giovedì 1 novembre 2018

LO QUE NO SABÍAS SOBRE MI LIBRO


Todo comenzó después de la muerte de su hijo. 
Pasados unos días despertó en la noche. 
La luna era clara, espléndida. 
Su sombra pareció multiplicarse. 
Luego sintió que miles de animales comenzaban a invadirla para hacerle compañía.

Así comienza el primer minicuento de mi libro Prohibido Girar titulado: MUJER HABITADA. Hoy quiero compartir con ustedes diez secretos relacionados con este cuento. 

1.El personaje es real, vivía en mi ciudad y su nombre era Elena. Perdió a su hijo, o mejor, lo mataron unos ladrones el mismo día del cumpleaños de él.
2.El esposo de Elena se suicidó una semana después de la muerte del hijo.
3.El esposo se llamaba Héctor y el hijo Kevin.
4.Elena vivía a 5 casas de la mía y hacía unos dulces riquísimos.
5.Actualmente en su casa vive una prima del que fuera su esposo.
6.Elena nunca llevaba maquillaje.
7.Era muy bonita y presumida antes de perder a su familia. Luego se enfermó de los nervios y ya no hubo solución.
8.Fue ella quien me regaló el libro Corazón, de Edmundo de Amicis.
9.El día que murió (la encontraron muerta en el patio de su casa) llovió mucho y se derrumbó una casa que estaba frente a la suya.
10.Soñé con ella una vez después de escribir el Cuento Mujer Habitada.
Es interesante cómo una persona puede volverse personaje y provocar más de una historia en un escritor.
Cada uno de los personajes de mi libro Prohibido Girar ha salido de la realidad. Considero que la realidad es en ocasiones dura, y a veces dulce, bella, inesperada. Así son los personajes de los cuentos del libro.
Hablar de la muerte no es cosa fácil. Aceptarla es una dura realidad. Escribir sobre ella es aún más difícil porque nacemos, y con el pasar de los años uno escucha hablar de la Muerte pero no hemos estado muertos para escribir sobre este tema con una visión exacta de los escenarios y circunstancias.

Prohibido Girar es un libro donde, a través de catorce cuentos breves, hablo de la muerte. He tratado de enfocarme en todos los puntos de vista que sobre la muerte los lectores y yo podamos tener.
Ha sido un desafío para mí. Aprovecho para comentarles lo que algunos amigos que leyeron el libro me han dicho sobre cómo les gustaría morir.

CARLOS VILLAVERDE: “Quisiera que fuera domingo, porque los domingos son aburridos, y mientras hago el amor con mi chica, para entretenerme, ahí quedo muerto.”

FERNANDA (LA MUSA): “Quisiera estar bailando y caer muerta en la disco.”

LUCAS SOTO: “Yo quiero morirme comiéndome una hamburguesa.”
Ya lo ven, algunos no le tienen miedo a la muerte y hasta lo planean. ¿Y tú, cómo quisieras morir?
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                                   Leysa Martínez Ortiz


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