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Leysa Martínez Ortiz, lectura del cuento Cielo de Vainilla Fiesta de la Cubanía 2022, Bayamo - Cuba |
Me ponen las esposas. Afuera hay periodistas y
vecinos. ¡Qué bien se siente esta brisa! Dan ganas de ir a pasear pero no
puedo. Me llevan hasta el carro y monto. He permanecido todo el tiempo con la
cabeza baja para no lucir tan arrogante. Sé que los policías me miran de reojo,
no porque piensen que soy un asesino, sino porque envidian mi físico. Años de
ejercicios y dedicación. Quienes me siguen en Instagram saben que entreno cada
día. La envidia es mala y eso lo aprendí desde que tenía trece años, cuando me
drogué por primera vez y algunos de mis amigos, cobardes hasta por gusto,
envidiaban mi libertad.
Cuando cumplí dieciseis empecé a oir voces de
personas conocidas, y hasta de estrellas del cine, que me pedían que asesinara
a mi madre. Cuando llegó el tiempo de la Universidad me fui a Grecia para
estudiar Contabilidad y Finanzas. Allá sólo aprendí a consumir más drogas cada
día y conocí la mejor de todas, mi preferida: la MDPV. Todos la llaman la droga
caníbal, a mí me gusta decirle “cielo de vainilla”.
En Grecia estuve poco tiempo. Volver a casa fue
peor. Me encerraron en uno de esos hospitales para locos. ¡Tontos, no hay cura
para mi locura! Pero esos días de hospital han pasado ya y he dejado de tomar los
fármacos, me hacen mal, me dan ganas de suicidarme.
Todos los días son iguales para mí: beber de la
noche a la mañana, fumar un porro y oír voces. En ocasiones, mirando la
televisión, he visto mensajes ocultos. Quería compartir esos mensajes con mamá
pero era imposible. Discutíamos siempre. Ella se oponía al alcohol y a la
marihuana. Algunas veces nos llevábamos bien, pero sólo a veces, porque cuando
empezaba a pelear me hacía perder la paciencia y entonces le apretaba muy
fuertes los brazos hasta dejárselos morados, o la golpeaba para que me dejara
tranquilo. ¡Ay, Soledad qué bruta eras! ¡No querías ver a tu hijo feliz! Por su
culpa yo tenía que vivir en casa de amigos o en la calle porque tenía orden de
no acercarme a ella. En el fondo no era mala y a veces me dejaba entrar a la
casa porque le daba pena verme tan solo. Ahora ella está muerta y todo está
cambiando. Oigo voces, pero no las de antes, sino otras que me llaman por mi
nombre y me dicen asesino. No sé por qué, no recuerdo haber matado a nadie. Soy
un chico bueno de veintiocho años que trabajaba como mesero y ha quedado
desempleado. Mi padre murió hace años de un cáncer de huesos y mi madre está en
casa, reposando en cazuelas plásticas. Llegamos a la estación de policías, me
hablan, escriben mucho, me hacen preguntas. No me importa nada. Les digo que me
preocupa mi perro que se ha quedado solo. Tengo sed y hambre, digo. Se miran
entre ellos, no sé qué pensarán de mí, tampoco me interesa.
Por fin me dejan en una celda. Huele mal y me gusta.
Todos los olores me gustan. Este es un buen lugar, oscuro, estrecho, ni antiguo
ni actual, sucio, lejano. Me acuesto y el cuerpo empieza a relajarse. No sé qué
hora es, imagino que alrededor de las nueve de la noche. Pienso en Cuque,
pienso en mamá y en mí. Empiezo a tener sueño. Voy a cerrar los ojos y a
respirar este olor a mierda, a orines y humedad. Imagino el cuerpo de mamá
convertido en fragmentos y no estoy seguro de haberla matado realmente, quizás
lo soñé. Será mejor dormir y soñar. Quiero repetir el momento en que la
desmembré y Soledad, primero larga un metro y sesenta y nueve, se fue haciendo
pequeña mientras la cortaba, luego ¡oh, qué sueño tengo!, luego los pedazos de
carne cabían en mi mano y las babas de Cuque caían al suelo esperando su ración
y yo hablaba contigo, Soledad, te decía hola mamá, llegué a casa y a veces
deseaba que me dieras un beso y me dijeras duérmete ya, mi pequeño, pero sólo
peleabas, madre, y de tanto llorar me daba sueño, las voces no me hablaban, me
gritaban que debía matarte y fue hermoso sentir tu vida apagándose entre mis
manos y mi rabia; sentir que por fin seré libre y haré para siempre lo que me
dé la gana. Necesito descansar, me vence el sueño. Hasta mañana, mamá.
Leysa Martínez Ortiz
Locutora, Escritora
y Oradora Motivacional
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